Los gatos son animales muy rutinarios y territoriales. Cualquier cambio puede afectarlos a tal punto de alterar su conducta normal.
ESTRES EN LOS GATOS POR CAMBIOS AMBIENTALES
Los gatos son animales muy territoriales. Ellos necesitan de su ambiente y su rutina para sentirse seguros y cualquier cambio puede desatar comportamientos anormales debido al estrés que les provoca. Los gatos de raza pura, en particular el siamés y el abisinio, son más proclives a manifestar las alteraciones psicológicas pues son de temple más emocional que la población felina promedio.
Uno de los disturbios que más puede trastornar al animal es la invasión o cambio de su territorio. Esto puede ocurrir, por ejemplo, en la forma de otro gato en el hogar, la presencia de un huésped o la llegada de un nuevo miembro a la familia. Un cambio puede ser una mudanza, reordenar el mobiliario o si el gato es llevado a una pensión temporaria.
Los cambios en la rutina también pueden generar alteraciones en la conducta. Estos pueden ocurrir en caso de vacaciones, un nuevo trabajo, el comienzo de la escuela de los niños, cualquier cosa que modifique sus horarios, su ritmo, su relación contigo o sus lugares favoritos.
Siempre que sea posible, la mejor solución es volver todo al estado original y, con ello, hacer desaparecer la fuente de estrés, pero esto no siempre es posible. En el caso de una mudanza una buena técnica es confinar al gato a un ambiente, de manera que pueda impregnarlo con su olor mientras va conociendo los sonidos y olores del nuevo hogar (o del nuevo integrante de la familia). Esto disminuye mucho el estrés. Después de un tiempo prudencial, cuando el gato se sienta más confiado, le dejas salir para que explore a su gusto el resto de la casa. Cuando el problema es la llegada de un nuevo gato al hogar, el que quedará confinado es el gato nuevo. Los animales percibirán mutuamente la presencia del otro y se habituarán a los olores hasta que los puedas dejar juntos.
Si el gato está muy perturbado puedes recurrir a tu veterinario para que le recete un tranquilizante ansiolítico durante un curso breve. También son muy útiles las Flores de Bach, que son más naturales y no tienen efectos secundarios. Todo gato que manifieste uno de los siguientes cambios de conducta puede aprender a utilizarlos para llamar tu atención. El comportamiento puede continuar después que desaparece el estrés original porque recompensas al animal con una atención excesiva. Ten cuidado para que no aprenda a hacerte sentir culpable.
Problemas de conducta
Anorexia nerviosa: el gato deja de comer en respuesta a una situación estresante. En la mayoría de los casos este problema dura sólo unos días; debes preocuparte si se prolonga por más de una semana. Puedes intentar confinarle con su comida en un sitio tranquilo y en penumbras donde se sienta seguro. En caso de mudanza o pensión se le puede acercar una prenda o alfombra con el olor familiar. En los casos extremos es posible que el veterinario te indique una alimentación forzada o medicación.
Vocalización excesiva: no es una manifestación frecuente, pero algunos gatos maúllan sin parar para llamar atención. Es muy importante que no lo “premies” acariciándole cuando te llama de esta manera, pues estarás diciéndole que lo que hace está bien y que te gusta. Espera hasta que pare o distráele para que se detenga y luego le mimas. Este tipo de conducta ocurre a veces cuando el gato se ha asustado con algo en la casa y ya no quiere volver a entrar.
Monta inapropiada: el gato presenta una hipersexualidad y monta a otros gatos u objetos. Esto puede ocurrir si hay una gata en celo cerca pero inaccesible, o si el macho está cercano a la pubertad o está aislado y no ha sido castrado.
Agresión redirigida: algunos gatos se vuelven irascibles en respuesta a cambios en el ambiente. En la mayoría de los casos la agresión es dirigida contra el propietario u otras mascotas de la casa, ya que no pueden atacar a la causa verdadera. Pueden perturbarse, por ejemplo, porque no encuentran un bocadillo, porque otro gato merodea la casa o porque viene un visitante. En estos casos la mejor solución es identificar y eliminar la causa, confinar al gato cuando hay huéspedes, cerrar las cortinas para que no vea al gato rival. Se le debe castigar en forma indirecta para que no asocie al amo con la represión; por ejemplo mojarle con un rociador con agua o soplarle con un secador de pelo.
Apetito excesivo: esto se puede ver como apetito voraz o ingesta de objetos que no son alimento. En el primer caso hay que limitar la comida que se le ofrece o darle un pienso de bajas calorías. En el segundo se puede crear aversión rociando los objetos con un olor y/o sabor desagradables, por ejemplo jugo de limón, alcohol o productos que se venden específicamente para este fin.
Diarrea o vómito psicogénicos: el gato muestra signos de enfermedad a repetición en situaciones estresantes. En este caso deberás manejar el problema con tu veterinario, ya que hay que descartar que el origen de la enfermedad no sea algo físico en vez de psicológico.
Automutilación: el gato se lame excesivamente y se ven grandes zonas depiladas, sobre todo en la cara interna de los muslos y en el abdomen. La piel se ve sana, a diferencia de los casos de alergias o infecciones. Si la conducta inapropiada cesa, el pelo vuelve a crecer normalmente. Para tratarlo es importante identificar la causa del estrés y eliminarla. Muchas veces hay una enfermedad dermatológica subyacente que desencadena esta reacción.
Aspersión: el gato macho orina en superficies verticales en el afán de demarcar su territorio, sobre todo por la presencia de otros machos en las cercanías del hogar. Es por lejos la manifestación más frecuente y se puede ver también en hembras en celo, sobre todo si en el ambiente conviven varios gatos. Se recomienda la esterilización de los animales a edad temprana, pues así no desarrollan un carácter muy territorial. Si el problema persiste, una buena solución es acostumbrar al gato a pasar más tiempo fuera de la casa, usar repelentes comerciales o bloquearle las áreas donde puede ver a los gatos intrusos.