Los perros y los gatos tienen la capacidad de percibir nuestros sentimientos y hasta anticiparse a nuestras acciones como si nos leyeran la mente. Esta habilidad la han adquirido gracias a un rico lenguaje que utilizaron sus ancestros en sus comunidades naturales.
LA INTELIGENCIA EMOCIONAL EN LOS ANIMALES
La inteligencia emocional es un concepto
relativamente nuevo que define la capacidad de cada individuo para reconocer
sentimientos propios y ajenos, y la habilidad para manejarlos. Los animales tienen sin dudas la habilidad
para reconocer los sentimientos, pero necesitan de sus amos para aprender a
dominar sus temores e inseguridades. Ellos son tan sensibles a nuestros estados
de ánimo que son capaces de asustarse si nos ven enfadados o de consolarnos si
perciben que estamos tristes.
Algunas personas llegan a adjudicar a sus mascotas la capacidad de reconocer las buenas o malas
intenciones de los desconocidos. Todos los que tenemos o hemos tenido un
perro o un gato como mascota hemos visto alguna vez como ellos se comportan con
diferentes personas. A unos los reciben con alegría y entusiasmo y a otros los
rechazan de plano, sin que parezca haber ocurrido nada que provoque esta
reacción. Muchos creen que los animales tienen un “sexto sentido” a la hora de
juzgar a las personas y a veces pareciera que ellos pueden distinguir
claramente a los buenos de los malos.
En la película “La profecía”, Satanás recorre el mundo
encarnado en un muchacho muy guapo de aspecto agradable y simpático. Todas las
personas lo aceptan como un chico bueno, pero en una visita al zoológico vemos
como reaccionan los animales, gruñendo, trompeteando, aullando, como si
reconocieran el mal en esta persona. Pero este instinto que se les adjudica a
los animales ¿es verdad o es solo un mito?
Es posible que el secreto radique en un lenguaje muy rico
que las personas exhibimos, pero que no reconocemos o hemos olvidado. Es el lenguaje corporal y gestual, que los
animales domésticos y salvajes utilizan en forma de un gran abanico de gestos y
posturas que les permite comunicar una amplia variedad de sentimientos y
estados de ánimo sin necesidad de emitir una sola palabra. Nuestro cuerpo
también se expresa de esta manera y los animales entienden este lenguaje a la
perfección. Por eso ellos parecen adivinar nuestras intenciones. Muchas veces
hemos escuchado anécdotas sobre como al pensar tan solo en que vamos a bañar a
nuestra mascota, ella desaparece como por arte de magia, aún antes de que
comencemos a preparar las cosas o de que digamos algo al respecto. Igual cuando
te dispones a llevarla a pasear o a preparar su cena. Ellos parecen predecir
nuestras acciones cotidianas, aunque no se produzcan siempre a la misma hora ni
de la misma manera.
Tenemos el famoso ejemplo del profesor Konrad Lorenz,
creador de la etología moderna, y su perra llamada Stasi. Cuando había visita
en la casa, Stasi se echaba en el rincón de la sala, sin moverse, y solo
parecía animarse cuando el visitante se marchaba, porque esto significaba que a
continuación podría salir a pasear fuera de la casa. El etólogo se dio cuenta
de que la perra siempre se dirigía a la puerta unos minutos antes de que la
visita se levantara con intención de despedirse. ¿Cómo sabía Stasi que el
visitante iba a marcharse? Para comprobar si ella reconocía las palabras cierto
día pidió a un amigo que simulara saludar para marcharse, incluso se levantó y
se dirigió hacia la puerta, pero la perra no se levantó de su rincón en esa
ocasión. Aparentemente no son las palabras, sino el lenguaje
corporal lo que los animales leen con tanta claridad.
Esta capacidad está especialmente desarrollada en los
perros, ya que ellos son animales que viven en comunidades en la naturaleza y
deben aprender a expresar sentimientos, impresiones y sensaciones sin utilizar
palabras. Para ello tienen que recurrir a un análisis muy exacto de los mínimos
matices de los ademanes y gestos del interlocutor. Esto es esencial para la
supervivencia de la jauría y para lograr una convivencia armónica, sin riñas
inútiles que desvíen la atención de lo verdaderamente importante, que es
conseguir alimento, procrear y mantenerse vivos.
Esta capacidad
extraordinaria les permite anticipar las intenciones de las personas,
especialmente si son las que conviven con ellos, pues ya conocen sus formas de
actuar. Sin embargo esto no es lo mismo que saber si una persona es buena o
mala al momento de conocerla. Muchas veces un perro que ladra insistentemente
solo está reflejando la actitud de alarma de su dueño, ya que puede percibir su
miedo o su estado de agresividad. Hay animales asustadizos que rechazan a todos
los desconocidos y otros bonachones y confiados que reciben con alegría a
cualquiera que se aproxime.
Quedan aún grandes
incógnitas acerca de la capacidad de percepción de los animales. ¿Cómo sabe
un perro que es su amo el que está subiendo en el elevador del edificio? ¿Cómo
puede darse cuenta varios minutos antes que él está por llegar, cuando aún no
está lo suficientemente cerca como para que lo escuche o huela? ¿Cómo pueden
los animales predecir un terremoto o un tsunami? ¿Cómo pueden algunos perros
predecir los ataques de epilepsia de sus amos? ¿Cómo logran orientarse las aves
migratorias o los perros perdidos a kilómetros de sus hogares? Hay varias
hipótesis, pero hasta ahora estas preguntas siguen siendo un misterio para
nosotros. Lo que sí sabemos es que nuestras mascotas son geniales; ellas nos
cuidan y nos acompañan hasta el final de sus días con fidelidad y amor.