Lamentablemente es bastante común encontrar gatitos abandonados cuando aún son muy pequeños para alimentarse solos. Aquí encontrarás qué cuidados deben recibir para salir adelante fuertes y sanos.
CUIDADO DE LOS
GATITOS HUERFANOS
Los gatitos son mucho más precoces que los bebés humanos y
en pocos meses pueden valerse por sí mismos. Sin embargo durante el primer mes, y particularmente las tres primeras semanas,
ellos necesitan de los cuidados de su madre para poder sobrevivir. A veces
ocurre que una gata rechaza a algún gatito, o no tiene suficiente leche para
alimentar a todos o no puede cuidarlos por algún problema médico.
Lamentablemente la causa más frecuente de orfandad de gatitos es que los dueños inescrupulosos de las gatas que
han quedado preñadas accidentalmente se los quitan y los abandonan a su suerte,
muchas veces envueltos en una bolsa o dentro de una caja.
Para que un gatito abandonado o rechazado sobreviva se
requiere un ambiente apropiado, buena
cantidad y calidad de nutrientes, un horario regular de alimentación, sueño,
cuidados y ejercicio y el estímulo que provoca defecación y micción. El
trabajo será mucho más leve si consigues que su madre o una gata sustituta los
cuide, limpie y les de calor, así solo te quedará alimentarlos. Es muy
frecuente que una gata adopte a otro gatito si es del mismo tamaño que los
suyos. Cuidar gatitos es una tarea que demanda mucho tiempo y dedicación, pero
es muy gratificante ver crecer a los bebés sanos y fuertes.
Siempre que sea posible, hay que dejar que los gatitos tomen leche de su madre durante las
primeras 12 horas, ya que en ese momento obtienen el calostro. Este es una leche que parece aguada y contiene los
anticuerpos que protegerán al gatito contra las enfermedades infecciosas
durante las primeras 4 a
6 semanas de vida. Pasadas las primeras 24 horas, los bebés ya no son capaces
de absorber estos anticuerpos en su intestino.
Si la madre no está disponible, tendrás que alimentar a los
gatitos con un biberón especial que
se consigue en veterinarias o tiendas de mascotas. Es importante no tumbar al
gatito sobre su espalda, sino sobre el abdomen con la cabeza más alta que la
cola. De este modo podrá tragar la leche sin atragantarse. El agujero en la tetina
debe permitir que cuando la pones hacia abajo, la leche salga de a una gota
lentamente. Si un gatito está muy débil y no puede succionar, te conviene que
un veterinario le coloque un tubo nasogástrico y te enseñe a usarlo para poder
alimentarlo hasta que esté más fuerte.
La mejor leche que puedes darle es la formulada
especialmente para gatos. Contiene los nutrientes exactos que el gatito
necesita para crecer. Es mejor evitar la leche de vaca o usar una sin lactosa
para que no vaya a darle diarrea. Encontrarás
muchas recetas para fórmulas caseras que se pueden usar; conviene preparar
poca cantidad, solo para uno o dos días, para que siempre esté fresca. Una
receta que puedes usar es la siguiente: 90 ml de leche condensada, 90 ml de
agua, 120 ml de yogurt natural entero (no desnatado), 3 yemas de huevo (no
agregues las claras). Guárdala en el refrigerador y limpia y desinfecta bien el
biberón luego de cada comida. Antes de darle su ración, calienta la leche a
temperatura corporal, aproximadamente 38ºC, y agítala bien como se le daría a un bebé
humano.
La primer semana los gatitos deben tomar cada día unos 13 ml
de leche cada 100 g
de peso; en la segunda semana se aumenta a 17 ml, luego toman 20 ml por día
cada 100 g
de peso en la tercer semana. Estas cantidades se dividen en tomas iguales 8
veces al día. En general es mejor dar un
poco de menos que de más para evitar trastornos digestivos en los primeras
semanas, sobre todo en los dos o tres primeros días, en que es mejor dar menos
cantidad en más cantidad de tomas. 
Los gatitos sanos
pesan entre 100 y 120
gramos al nacer y deben
aumentar entre 50 y 100 g
por semana. Deben verse rellenitos y firmes, estar tibios, tranquilos y
dormir la mayor parte del tiempo. Nacen con los ojos totalmente cerrados y los
abren recién a los 15 días de edad. Si están enfermos notarás un tono muscular
débil, los verás flacos y con la piel muy seca y “pegada” al cuerpo, lloran
mucho por hambre, frío o malestar. Si no reciben asistencia se van apagando, se
vuelven comatosos y mueren.
En la primera semana
de vida los bebés no son capaces de mantener su temperatura corporal, por
lo que necesitan un ambiente entre 30 y 32ºC. No es suficiente con taparlos con una
cobija; hay que agregar una almohadilla térmica o bolsa o botella con agua
tibia o cualquier otra fuente segura de calor. En la segunda semana, la
temperatura se puede bajar a 24ºC,
y hacia la cuarta semana ellos ya pueden regular su temperatura aunque el
ambiente esté más frío.
Otro aspecto importante es la estimulación del área anogenital después de cada comida. La madre
lame a los gatitos en esta zona para estimular la defecación y orina, de modo
que hay que reemplazarla en esta actividad. El resultado se obtiene al frotar
esta zona con un algodón húmedo y estimular en forma manual con un masaje
descendente suave en el abdomen. Después de la tercera semana los gatitos ya no
necesitan este estímulo para evacuar. Una vez por semana hay que limpiar todo
el cuerpo con un paño húmedo tibio, simulando los lamidos de la madre.
Hacia los 20-25 días
los gatitos ya pueden empezar a comer de un plato. Puedes darles un pienso
para gatitos molido y humedecido con agua tibia para formar una pasta. Cuando
veas que se alimentan bien solos, puedes empezar a disminuir la cantidad de
leche hasta destetarlos por completo hacia las 6 a 8 semanas de edad.
A partir de la tercera semana los gatitos aprenden a
relacionarse con otros seres vivos. En este momento es bueno acariciarlos
mucho, acostumbrarlos al contacto con personas o con otras mascotas para que
luego sean adultos sociables y con un temperamento estable.
Por último, consulta con tu veterinario para desparasitar a los gatitos en la
segunda o tercera semana, según como estén evolucionando y qué antiparasitario
utilices. Entre las 6 y las 8 semanas ya puedes regalar a los pequeños para que
vayan a sus nuevos hogares, si es que no te has encariñado tanto que decides
quedarte con ellos.