El uso de collares electrónicos genera mucha controversia. Este artículo pretende dar información para que cada quien decida si es apropiado para usar con su mascota o no.
USO DE COLLARES
ELECTRONICOS PARA EL ADIESTRAMIENTO
Existen en la actualidad gran cantidad de collares y otros equipos electrónicos que
ayudan en el adiestramiento de los perros, sobre todo a la hora de corregir conductas inapropiadas. Todos
ellos generan gran controversia y discusión respecto de si son humanitarios o
no, si causan dolor y sufrimiento a los perros o no. Creo que no se puede
generalizar; hay situaciones particulares en que son de gran ayuda y también perros más sensibles o temerosos que pueden
resultar dañados por este tipo de aparatos. Haremos una descripción lo más
objetiva posible para que los conozcas y puedas decidir si serán buenos o no
para tu perro.
Los primeros equipos electrónicos aparecieron en la década
de 1950, generalmente para evitar que los perros persiguieran ciervos o al
ganado vacuno o para que los perros de caza regresaran con sus amos al final
del día. Eran bastante rudimentarios, pero resultaron útiles para administrar
correcciones a distancia. Sin embargo, la
descarga que administraban era bastante fuerte y dolorosa. No resultaron
eficaces para el adiestramiento, pues los perros se asustaban y perdían el
entusiasmo por trabajar debido al miedo de recibir un castigo.
Se hizo evidente que había que mejorar los collares para que
pudieran usarse sin efectos secundarios indeseables. En los años 60 y 70 se
trabajó para lograr que la estimulación
eléctrica funcionara de manera segura para provocar los comportamientos
adecuados en los perros en lugar de servir solo para administrar castigos.
A partir de las investigaciones realizadas se hizo evidente que los perros son individuos con diferentes sensibilidades y
temperamentos y se desarrollaron
equipos con niveles muy bajos de
estimulación eléctrica. Estos collares modernos pueden además ser regulados para administrar una descarga
adecuada para cada animal, ni demasiado baja como para no ser efectiva ni
demasiado alta como para asustar al perro; se gradúan de modo de provocar un
ligero malestar. Estas mejoras hicieron
que los collares puedan usarse con seguridad en muchas más situaciones que los
originales.
A esta altura es importante dejar en claro que los collares no reemplazan a los sistemas
de educación tradicional, donde el perro aprende uno a uno los comandos
básicos siendo premiado cada vez que hace lo que se espera de él. Este
adiestramiento es fundamental para lograr que el perro se acostumbre a obedecer, entienda qué comportamiento debe tener y
sobre todo, sepa que debe someterse a las personas, que son su “líder en la
manada”. En este adiestramiento también pueden usarse los collares electrónicos
como una herramienta más. Muchos de los
problemas de educación que se presentan a consulta mejorarían con solo una
educación básica del animal, sin necesidad de equipos electrónicos.
Aún así, hay perros que necesitan recibir correcciones
porque persisten en su conducta inadecuada. Estas correcciones no deben ser
castigos físicos ni nada que cause dolor, inseguridad o miedo. El objetivo es sobresaltar al perro para
recobrar su atención. Aquí es donde entran en juego los sistemas
electrónicos.
Según las características de cada uno, pueden ayudarte a
aplicar una corrección cuando no estás
presente, por ejemplo en el caso de los perros que ladran demasiado, o que
entran en sitios que no les están permitidos, o los gatos que no deben subirse
a un sillón, etc. También actúan a
distancia, cuando el perro está demasiado lejos para escuchar tu voz o
decidió no obedecerte. Hay aparatos que tienen distintos niveles de estímulo
eléctrico, para graduarlo según la sensibilidad de cada perro. Los hay con
sistemas de seguridad para no dar descargas innecesarias ni demasiado
prolongadas. Algunos emiten un sonido desagradable o vaporizan la cara del
animal con citronella en lugar de generar un estímulo eléctrico. Los más
avanzados emiten una alerta sonora antes de aplicar la corrección, de modo que
el perro tenga tiempo de cambiar su comportamiento y evitar el estímulo
desagradable. En mi opinión, cualquier corrección de un comportamiento que
debas hacer debe estar acompañada de “clases” de obediencia, para reforzar la
noción de quién es el que manda en la casa. Los collares electrónicos son una herramienta valiosa que debe ser
usada con sentido común, pero no alcanza con colocárselo al perro y ya.
En cuanto a si son
dañinos para los perros, como dije antes, no se puede generalizar. Los estímulos eléctricos son realmente
bajos, casi como se siente la estática al rozar una alfombra. Hay quienes
los equiparan con una picana eléctrica, pero esto de ningún modo es cierto; si
se comparan los voltajes, los collares tienen veinte veces menos intensidad
cuando están graduados al máximo. Por el efecto psicológico que pueden ejercer,
creo que no son adecuados para perros nerviosos o asustadizos, pues serán una
nueva fuente de temor para ellos, algo que los pondrá más nerviosos aún.
Tampoco deberían usarse en animales muy jóvenes, que no han acabado de formar
su “personalidad”; esto ocurre entre 1½ y 2 años, según el tamaño del perro. Si
tu perro es muy sensible al dolor, quizá no te convenga usar un collar
electrónico; no tanto porque sea muy fuerte, sino porque el perro puede tomar
como una agresión cada descarga y sentirse inseguro y muy molesto.
Si decides utilizar uno de estos equipos, es importante que
estudies bien su funcionamiento antes de colocarlo sobre el perro. Estas herramientas pueden usarse de forma
correcta o incorrecta, y de eso dependerá en gran medida el resultado que
obtengas. Dedica mucho tiempo a observar las reacciones de tu mascota al
recibir las correcciones para que puedas evaluar si las tolera bien o se asusta
demasiado. Recuerda que éstas no deben ser un castigo corporal, sino solamente
una llamada de atención para retomar el control sobre tu perro. Hasta ahora se
han obtenido más resultados positivos que negativos con el uso de los equipos
electrónicos, de modo que son una herramienta segura que, bien utilizada, puede
resultar una gran ayuda en el adiestramiento de nuestros perros.