Cuando varias mascotas conviven en una misma casa como miembros de la familia es muy saludable lograr que se lleven bien. Es posible conseguir que conejos, perros y gatos vivan en paz. Lo mismo corre para los niños pequeños, que a veces no saben como tratar con gentileza a los animales.
CONEJOS: CONVIVENCIA CON OTRAS ESPECIES
Todos aquellos que tienen varias mascotas saben lo
importante que es lograr que todos se lleven bien. Esta puede ser la diferencia
entre una apacible y entretenida vida familiar y la eterna tortura de tener que
cuidar que no quede una puerta abierta y se produzca el desastre. Esto no es
diferente cuando se tienen miembros de diferentes especies. A veces hay que conseguir que animales que
en estado natural serían predador y presa acaben conviviendo pacíficamente bajo
el mismo techo. Esto no es imposible, solo hay que hacer las presentaciones
con paciencia y cautela y observar la actitud de cada uno para evitar
agresiones.
GATOS: en este
caso lo primero que uno piensa es que habrá que cuidar que el gato no intente
cazar al conejo. Sin embargo son muchos los casos en que los roles se invierten
y son los conejos quienes tienen a mal
traer a sus compañeros felinos. Socialmente los conejos tienden a
confrontar con otros congéneres, y quizás sea esto lo que los lleve a acosar a
los gatos con quienes conviven. Generalmente estas persecuciones no pasan a
mayores, y cuando el conejo siente que ha controlado la situación ya no molesta
más al gato. No es necesario hacer nada
más que observar que todo quede en demostraciones de poder solamente.
El problema surge cuando un conejo se asusta y huye del
gato, despertando su instinto de caza.
Ahí es donde se debe intervenir. Lo
mejor es dejar al conejo en su jaula, de manera que ambos puedan olerse y
acostumbrarse el uno al otro sin riesgos. Deja una caja o casita donde pueda
esconderse y sentirse protegido hasta que pierda el miedo. Esto puede llevar
días o meses, según la personalidad de los dos. Deberás tener paciencia y no
apurar las cosas; no generes situaciones en las que debas regañar al gato
porque le crearás una sensación negativa con respecto al conejo. Tarde o temprano se habituarán y podrás
pasar a la siguiente fase.
Bajo tu supervisión, deja a los dos juntos y permite que se
olfateen y se observen. Solo debes intervenir si ves alguna actitud agresiva o
de amenaza. La mejor manera de hacerlo es con una pistola de agua o un ruido
fuerte, de modo que el animal reciba el
“castigo” sin saber que viene de ti (porque si no podría a prender a
esperar a que no estés presente para actuar). Durante el período de adaptación
es mejor mantener las uñas del gato bien cortas y así evitar arañazos que
podrían terminar en abscesos.
No es raro que un
conejo y un gato se lleven bien desde el primer día y puedas omitir el uso
de la jaula. Usa tu sentido común y observa las actitudes de cada uno para
decidir si debes separarlos o no. Ante la duda, siempre es mejor demorar las
cosas y no lamentarse luego.
PERROS: en esta
relación todo depende, nuevamente, de la personalidad de los animales en
cuestión. Si el conejo es muy tímido o el perro, agresivo, es mejor comenzar con el método de la jaula hasta que se habitúen a
verse. Siempre deberás supervisar los encuentros y premiar al perro con caricias y felicitaciones cuando se acerca a
husmear con suavidad. Recuerda que siempre da mejor resultado premiar que
castigar, entonces evita las situaciones en que el perro pueda ponerse nervioso
y comportarse de manera brusca con el conejo. Es conveniente que tenga puesto
su collar, de modo que si hace algo
que no debe, puedes darle un pequeño tirón y decirle NO, para luego premiarlo
cuando se calme. Esta corrección es la misma que se utiliza al adiestrar a un
perro en obediencia. De hecho el perro
es mucho más manejable si ha sido adiestrado en los comandos básicos y ya
está acostumbrado a seguir órdenes.
Si el perro es tranquilo
y amigable, puedes saltar el paso de la jaula, pero recuerda que siempre es
mejor tomar precauciones de más. Siempre debes supervisar sus encuentros con
mucha atención para detectar cualquier signo de peligro. A no ser que estés
absolutamente seguro de que el perro y el conejo se llevan bien, se consideran
“parte de la familia” y se respetan mutuamente nunca los dejes juntos sin supervisión.
Muchas veces el perro no
molesta al conejo cuando tú estás porque sabe que recibirá una reprimenda, pero
todo puede cambiar si están solos. La diferencia de tamaño y fuerza entre los
dos hace que hasta un juego un poco brusco pueda resultar peligroso para el
conejo, aunque el perro no tuviera la intención de agredirlo.
NIÑOS: que nadie
se sienta ofendido por incluir aquí a los niños. Es que la convivencia puede
ser difícil cuando son pequeños y no saben tratar con delicadeza a su mascota. Es muy importante enseñar a los niños a
respetar a los animales, tanto por la seguridad de las mascotas como la de
los ellos mismos. Un conejo que se siente acorralado puede arañar y lastimar o
asustar a un pequeño; si esto ocurre se puede aprovechar para explicar al niño
qué es lo que molestó al conejo y que no debe volver a hacerlo. Si el conejo
suele andar suelto por la casa, conviene dejar su jaula u otro sitio donde
esconderse siempre disponible, de modo que si el juego se torna muy brusco él
tenga donde refugiarse.
Será necesario explicar cientos de veces las mismas cosas
para enseñar todo esto a un niño, pues su energía y curiosidad son más fuertes
que su memoria, pero el esfuerzo bien vale la pena.
Es una buena idea destinar
un horario especial del día para el juego con la mascota. De este modo el
niño aprende a valorar y esperar con ansias este momento y se da un marco para
que te sientes con él a mostrarle como se acaricia a un animalito, permitir que
le dé alguna golosina y que el niño aprenda a disfrutar y respetar a otros
seres.