La educación de un gato consiste en enseñarle a usar su bandeja sanitaria, si es que no lo hace solo, a no dañar tus muebles y no trepar a donde tú no quieras. Para esto debes aplicar reglas básicas y una buena cuota de ingenio.
Educación básica para gatos
Antes de comenzar, es conveniente aclarar algo que, aunque
es obvio, no siempre es tenido en cuenta: un
gato no es un perro pequeño.
No pretendas enseñar a tu gato a sentarse, echarse o darte
la mano para recibir una galleta. No te sientas ofendido si no acude a
recibirte cuando llegas a la casa; la mayoría de los felinos sí lo hacen pues
realmente están felices de verte, pero otros seguirán descansando o comiendo o
desarrollando la actividad en la que estaban y serás tú el que tenga que ir a
saludarlos. Esto no significa que no te quiera, solo que estaba ocupado en algo
importante. Hay gatos a los que les encanta que los acaricies y pueden pasarse
horas en tu regazo, pero también hay otros que te dejarán tocarlos unos minutos
y luego se retirarán. No insistas, pues de algún modo te va a demostrar que
quiere que lo dejes tranquilo hasta su siguiente sesión de mimos.
La educación básica
en un gato consiste en conseguir que haga sus necesidades en una caja, que
afile sus uñas en un poste y no en los muebles o en los parlantes de tu equipo
de música. Algunos gatos aprenden a usar el inodoro, pero esto tampoco es
para todos y no puedes forzarlo. También puedes enseñarle a no subir a la
mesada de la cocina o trepar las cortinas.
La manera de aprender
de un gato es por experiencia. A él no le interesa demasiado cumplir con
tus órdenes para hacerte feliz. Si una experiencia fue buena, intentará
repetirla, pero si fue mala o desagradable la evitará en el futuro. La clave para una buena educación es
lograr que el gato se sienta muy a gusto cada vez que hace lo que tú quieres y,
por el contrario, que asocie con algo desagradable las acciones que no son
buenas.
Muchas veces hacemos todo al revés sin darnos cuenta. Por
ejemplo el gatito te despierta durante la noche (lo cual no es nada bueno!!) y
tú qué haces: te levantas y le das leche o comida o lo dejas salir. ¿Qué
aprendió? Que despertarte tiene premio y con seguridad lo volverá a hacer. Otro
ejemplo es cuando encuentras que orinó en la alfombra, lo llamas y cuando viene
lo tomas con rudeza, lo reprendes y lo llevas enfadado hasta su caja. ¿Cuál es
la lección? No acudas cuando te llaman porque te gritarán y te llevarán a esa horrible
caja para torturarte. Como ves, todo lo contrario de lo que querías.
Para corregir un mal
comportamiento o educar a un gatito comienza por suprimir los regaños y
castigos. Dedica un rato por día a jugar o acariciar a tu minino;
interactúa con él de la manera que sabes que le gusta. Esto hace que se sienta
bien y no haga diabluras para llamar tu atención. Además así no se aburre y no
se involucra en juegos inadecuados que acaben con la rotura de algún adorno.
El otro punto clave
es premiarlo cada vez que hace algo bien. Para esto lo mejor es crear el
ambiente o la situación para que él haga lo que tú deseas. Por ejemplo, dale de
comer siempre a la misma hora para que puedas anticipar cuando necesitará
defecar; un rato antes quédate con él en la habitación donde está la caja
sanitaria y espera hasta que la use (si no le gusta que lo mires, ponte a hacer
otra cosa), para luego llenarlo de
caricias, darle algo muy sabroso o algún juguete si esto le gusta. Solo
después le das acceso al resto de la casa. Puedes hacer lo mismo cuando recién
se levanta hasta que orine. Otra manera de lograr que le guste la bandeja
sanitaria es llevarlo hasta ella y acariciarlo o jugar con tus dedos en las
piedritas absorbentes, que siempre deben
estar limpias. En el caso de que quieras que use un poste de rascado,
deberás colocar la recompensa en el
poste: puede ser un poco de hierba gatera o unas gotas de aceite con sabor
a pescado. También puedes colocar el poste cerca de ti y acariciarlo cada vez
que lo usa.
El tercer punto es
asegurarte que las acciones inadecuadas sean experiencias desagradables.
Aquí el ejemplo más claro es el rascado sobre muebles. Debes usar tu poder de
observación y tu paciencia para determinar qué es lo que NO le gusta. Algunos
gatos detestan que sus uñas se enganchen cuando las afilan, entonces puedes
cubrir el mueble en cuestión con tul o una redecilla; puedes buscar un olor
desagradable, como pimienta, mentol, repelente de insectos (no venenos) o a
veces da buenos resultados colocar una cinta con adhesivo en ambas caras para
que sus dedos queden pegoteados. Otra cosa que suele ser efectiva es buscar
alguna textura que no les guste, como plástico, papel aluminio, papel de lija. Si
tú estás en la casa y puedes observarlo sin que se dé cuenta, son muy útiles
las pistolas de agua para niños o alguna bocina fuerte que no le guste; cuando
lo encuentres haciendo algo que no debe las accionas y haces que se de un buen
susto, pero sin que vea que viene de ti, pues si no aprenderá a hacer estas
cosas cuando tú no estés cerca. Aquí
debes experimentar, pues lo que para un gato es muy efectivo a otro no le hace
mella. Existen también productos específicos para este fin, como aerosoles
repelentes o un novedoso rociador automático que se activa cuando detecta
movimientos (por ejemplo cuando el gato sube al sillón o la mesada) y echa una
nube de spray inofensivo que lo espanta. También hay elementos disuasivos
similares para el cuidado de las plantas en el jardín. Si pones en práctica
estos consejos y una buena cuota de astucia, pronto tu gato se dará cuenta de que
rascar muebles es desagradable y que en cambio recibe recompensas cada vez que
usa su poste y aprenderá la lección.
Después de haber explicado como educar a un gato, cabe hacer
un comentario. La principal razón por la
que un gato no usa su bandeja sanitaria es porque, al menos para él, está sucia.
Esto incluye un cambio en el material absorbente que no sea de su agrado o un
cambio en el sitio donde se encontraba la bandeja. Otra motivo menos frecuente
es que lo haga como respuesta a algo que le genera estrés, como un integrante
nuevo en la familia, la ausencia de alguien en la casa, algún ruido muy
molesto, un gato nuevo en el vecindario, etc. Por último, alguna enfermedad en
las vías urinarias también puede provocar desórdenes en los hábitos de higiene.
Si tu gato de repente deja de usar su
bandeja analiza todas estas posibilidades y, de ser necesario, consulta con tu
veterinario antes de embarcarte en
sesiones de adiestramiento.