Las tortugas tienen esa exclusividad de su especie que es el caparazón. Es una estructura ósea recubierta de queratina que tiene afecciones particulares que deben ser atendidas como cualquier otra enfermedad.
ENFERMEDADES DEL CAPARAZON
Las tortugas son reptiles del orden Chelonia o Testudine y
son los únicos animales vivientes que tienen caparazón. Dentro de este orden se encuentran los reptiles más
antiguos, ya que su cobertura prácticamente no ha cambiado en los últimos 200 millones de años. Existen en la
actualidad unas 240 especies de tortugas, entre acuáticas y terrestres.
La parte superior del caparazón
está formado por 50 huesos que se originaron de las costillas, vértebras y
placas dérmicas. La parte inferior o plastrón,
deriva de las clavículas, interclavículas y costillas. Todo el caparazón está
recubierto por placas de queratina llamadas escudos que tapan las uniones entre los huesos.
A medida que las tortugas crecen, se van formando escudos nuevos.
Se ha dicho que contando las placas o las líneas alrededor del caparazón se
puede saber la edad de una tortuga, pero esto
no es tan así. En realidad estos anillos indican períodos de crecimiento,
que pueden no coincidir con los años calendario, por ejemplo pueden formarse
varios anillos en un mismo año. Además las tortugas en cautiverio crecen de
modo más uniforme y a veces no se forman anillos.
El caparazón de una
tortuga sana debe ser duro al tacto a partir del primer año de edad, debe
ser simétrico y no tener ningún bulto ni deformación evidente. Obviamente no es
así en las tortugas de caparazón blando.
Las enfermedades del caparazón son más frecuentes en las
tortugas acuáticas, generalmente asociadas
a un mantenimiento inadecuado. Lo más común es el agua en mal estado,
substratos demasiado ásperos, temperaturas inapropiadas, falta de luz
ultravioleta, mala alimentación y falta de zonas de calentamiento en el
terrario. La otra causa frecuente de enfermedad son los golpes y ataques de otros animales.
Ulceraciones
superficiales del caparazón: son decoloraciones o pequeñas lesiones en la
capa de queratina. Pueden ser tratadas retirando todo el tejido dañado y
aplicando ungüentos antibióticos como sulfadiazina o yodo-povidona. Si es una
tortuga acuática, hay que restringirle el acceso al agua a solo 30 o 60 minutos
por día para que la herida se mantenga lo más seca y limpia posible.
Ulceraciones
profundas del caparazón: este tipo de heridas permite que las bacterias
migren hacia la capa ósea o la membrana celómica y afecten los huesos, órganos
o la sangre. Es muy importante tratarlas
apenas se producen, pues cualquier demora solo hará que la infección se
profundice, comprometiendo la vida de la
tortuga.
Estas úlceras
infectadas tienen un aspecto necrótico y con feo olor. El hueso subyacente
puede estar blando, húmedo y sangrante cuando lo tocas. A veces las radiografías muestran una amplia zona
de osteomielitis (infección del hueso) o extensión a otros órganos. En estos
casos se requiere un tratamiento
agresivo por parte del veterinario para intentar salvar al animal. Se
realiza una limpieza profunda bajo
sedación y se toman muestras para cultivo y posterior elección del antibiótico
adecuado. No la limpies ni desinfectes
antes de llevarla al veterinario, pues puedes alterar el resultado de los
cultivos. Si la infección ha avanzado a los órganos o la sangre se da
antibiótico por boca o inyectable y las demás medidas de sostén que sean
necesarias, como administración de fluidos y alimentación forzada.
Si el caparazón está muy dañado puede intentarse su reconstrucción, pero solo después de
controlada la infección. Si se cierra antes, no podrán hacerse las curaciones y
controles necesarios. Se utilizan capas de fibra de vidrio apropiada y luego se
recubre con resina para que los parches sean impermeables. Se dejan secar entre
24 y 48 horas antes de permitir acceso al agua.
Enfermedad ósea
metabólica: es provocada por una dieta deficiente en calcio y excesiva en
fósforo, por falta de exposición a radiación UVB/UVA o por insuficiencia renal.
El resultado es que el cuerpo quita el calcio de los huesos para suplir
el que no recibe en la dieta o para balancear el exceso de fósforo en
sangre, entonces los huesos se ablandan y los músculos se debilitan. En una tortuga en crecimiento el caparazón no
se endurece al año, se deforma y puede verse el crecimiento piramidal. A medida
que la tortuga crece los escudos se ven desparejos, el animal parece pequeño
para su caparazón, tiene bajo peso, las garras y el pico córneo se deforman. En
las tortugas adultas con un
caparazón ya formado es algo más difícil de detectar; debe sospecharse EOM (o MBD por sus siglas en inglés) en un
animal con una dieta deficiente, que tiene fracturas, letargia y falta de
apetito. Cuando la enfermedad ya lleva un tiempo prolongado, los bordes del
caparazón se curvan y el animal tiene poco peso. Los puentes que unen caparazón
y plastrón crecen verticalmente y aumenta el espacio entre ambos. Para un
correcto diagnóstico hacen falta radiografías
que muestran una menor densidad ósea y, en los estadíos avanzados, el
endurecimiento de los tejidos blandos.
Sin tratamiento esta enfermedad es fatal. Una vez iniciado
el tratamiento debe prolongarse por
varios meses con mucha paciencia y dedicación. Es fundamental corregir la dieta
y la iluminación UVB/UVA para tener éxito. De ser necesario hay que darle alimentación forzada y corregir la
deshidratación, y se puede requerir colocar un tubo al estómago durante algún
tiempo. Al principio se administra calcio
en forma inyectable si la tortuga no come y luego por vía oral durante 2 a 3 meses o hasta que las
radiografías muestren una densidad ósea normal. Durante todo este tiempo debes trabajar en contacto con el veterinario
para que vaya controlando la evolución y dándote pautas de tratamiento.
Fracturas del
caparazón: las causas más frecuentes de fracturas son por caídas, mordidas
o accidentes como pisarlas con el carro o con la segadora. Muchas tortugas
logran curarse sin ayuda del veterinario, pero lo mejor es llevarlas apenas ocurre
la fractura. Los huesos rotos pueden causar daños en los órganos internos y
esto requiere atención inmediata. Las fracturas
en la línea media dorsal son de mal pronóstico si afectan la columna
vertebral y provocan parálisis de los miembros posteriores.