Estos perros salvajes de Australia no son en realidad originarios de allí, sino que están emparentados con lobos del sudeste asiático. Son combatidos en algunas áreas por el peligro de ataques a personas y ganado.
EL DINGO
El dingo es un mamífero de la familia de los lobos (canis lupus) que vive en estado salvaje en
todos los estados de Australia menos Tasmania. También hay grupos aislados en
el sudeste asiático. Se los considera perros salvajes de tamaño mediano, de pelo corto y color generalmente naranja a
amarillento con puntas blancas (aunque también los hay de color negro o blanco y negro), con una
tupida cola. Tienen la particularidad de que no ladran, sino que aúllan. En cautiverio llegan a vivir 14 años, pero
en estado salvaje promedian los 3
a 7 años. Son más independientes que los perros
domésticos, y se diferencian de ellos por su hocico afinado, orejas grandes y
erectas y colmillos más grandes. Son muy ágiles y se lo ha visto trepando
árboles.
Los dingos no son
realmente originarios de Australia, y existen dos teorías para explicar su
origen:
- Fueron
llevados hace unos 15000 años por aborígenes, aunque ahora se ha conocido
evidencia de que estos dos grupos llegaron en diferentes momentos y que
los dingos habitan Australia desde 2000 a 3000 años a.c.
- Podrían
estar relacionados con lobos semi-salvajes del sudeste asiático y llegaron
a Australia con mercaderes, ya sea para comerciar con ellos o como
alimento.
Viven solos, en
parejas o en grupos reducidos cerca de algún pozo de agua natural o para
ganado. Cazan casi siempre durante la noche, y prefieren mamíferos, aunque
suplementan su dieta con reptiles, aves o insectos. Sus presas van desde roedores
pequeños, conejos y lagartos hasta ovejas y canguros. Cuando las presas son de
mayor tamaño, cooperan entre varios individuos para poder cazarlas, pero por lo
general cazan solos o en parejas. Se
alimentan mayormente de conejos, especialmente desde que fue introducido el
conejo europeo en Australia, convirtiéndose en plaga rápidamente. Los dingos
asiáticos viven cerca de las poblaciones humanas, por lo que también es común
que se alimenten de deshechos que encuentran.
Los dingos alcanzan la madurez sexual al año de vida y toman
una pareja para toda la vida. Solo una
vez al año nacen entre 1 y 8 cachorros, usualmente 3 o 4, y ambos padres se
encargan de su crianza. Los pequeños permanecen con ellos durante 12 meses a
tres años. Una vez que han sido destetados la madre regurgita alimento para
ellos hasta que tienen 4 meses y pueden intentar cazar algo por sí mismos.
Cuando los dingos viven en manadas, solo
la pareja dominante se reproduce, tal como ocurre con los lobos, y los
demás miembros del grupo colaboran en la crianza. La hembra dominante es capaz
de matar a la descendencia de cualquier otra hembra del grupo.
En la actualidad hay un gran número de dingos salvajes
viviendo en Australia. Los granjeros han construido una barrera (Dingo fence) para proteger los territorios de pastoreo de
estos perros, pues suelen cazar ovejas. Esta barrera es la más larga del mundo,
ya que se extiende por 5320
km y separa los fértiles campos del sudeste de Australia
del resto del continente. Resultó efectiva solo parcialmente, pues aún hay unos
pocos dingos dentro del territorio protegido, pero además aumentó la competencia por el pastoreo con los conejos y canguros
al eliminar a sus predadores naturales. Si bien los dingos son muy numerosos,
ha habido mucho cruzamiento con perros domésticos y en este momento está comprometido el bagaje genético puro de
estos animales. Se cree que un tercio de los que viven en Australia son
híbridos. Los mestizos son un peligro para la ganadería porque se reproducen
dos veces al año en vez de una y son peligrosos como mascotas por ser más
agresivos que los perros domésticos. Se han formado sociedades protectoras que
intentan preservar, educar y criar líneas puras de dingos con fines
conservacionistas exclusivamente.
El dingo es el principal
carnívoro mamífero de Australia. Solo compiten con los zorros y gatos
salvajes, pero como son más eficientes cazadores de presas grandes, sobreviven
en tiempos de sequía y su número siempre
se mantiene elevado. Se cree que son en parte responsables de la extinción de varios mamíferos pequeños
y medianos, como los bandicuts y ratas-canguro, pero también se aprecia su
colaboración para mantener a raya las poblaciones de conejos europeos, que son
una plaga en el continente.
La relación entre los
dingos y los humanos no es demasiado buena. Ha habido reportes de ataques a personas, y uno de ellos
resultó en la muerte de un niño de 9 años. Los animales están protegidos por
ley, pero a partir de allí se realizó una matanza selectiva que resultó en la
muerte de unos 65 dingos en la zona, a pesar de la oposición de los Ngulungbara,
dueños del lugar. Ocasionalmente se siguen registrando ataques, sobre todo a
niños. Actualmente el gobierno de Australia protege a los dingos solo en parques y reservas nacionales,
mientras que en muchas áreas públicas son considerados una plaga y sujetos a
medidas de control. Las leyes sobre la tenencia de dingos como mascotas varían
de un estado a otro, pero se recomienda que sean adoptados desde muy pequeños,
pues no son domesticables cuando son adultos.
En el sudeste asiático tienen una pequeña importancia
económica, ya que en algunos sitios constituyen la principal fuente de proteína en la dieta de los humanos. Su carne
se vende en el mercado con fines dietarios y medicinales.
FOTOGRAFIA DE NEIL GOULD